La diferencia no siempre se ve en el momento. Se ve después, cuando el sistema vuelve a contaminar, cuando el componente recién reparado baja rendimiento antes de lo esperado, cuando nadie puede explicar por qué.
Un flushing no es hacer circular aceite por las tuberías durante algunas horas.
Si no se alcanza el régimen turbulento adecuado, los contaminantes no se desprenden de las paredes internas del sistema. Permanecen ahí. Y cuando el equipo vuelve a operar, esa contaminación sigue circulando por bombas, válvulas y motores.
El tiempo de circulación no garantiza limpieza. La turbulencia sí.
El proceso de flushing de Bilpa se ejecuta con criterios técnicos medibles.
Se calcula el caudal específico que requiere cada diámetro de tubería para generar régimen turbulento efectivo. Se verifica ese caudal en sitio, durante toda la intervención, con instrumentación especializada. Se monitorea la contaminación del aceite en línea y en tiempo real, lo que permite determinar objetivamente cuándo el sistema alcanzó el nivel de limpieza requerido.
No se define la duración del servicio por tiempo. Se define por resultado.
Bilpa cuenta con unidad propia de flushing, diseñada específicamente para este tipo de trabajos, con bomba de alto caudal y sistema de filtración de alta eficiencia.
Al finalizar, el cliente recibe un reporte técnico completo con parámetros hidráulicos, resultados de contaminación conforme a ISO 4406 validados por laboratorio externo, y recomendaciones de mantenimiento.
No una estimación de que «quedó bien». Un documento que lo demuestra.
Si estás planificando una limpieza de sistema hidráulico o acaban de reparar un componente y necesitás asegurarte de que el circuito está en condiciones, contactanos.
